sábado, 19 de abril de 2014

Santoral del Sábado



Bety, Lola, Margot, que importa como te llames,
reconstruidas, mártires provisorias llena eres de
gracia, manantiales de generosidad.




Das el placer, oh redentora del mundo,
y nada pides a cambio sino unas
monedas miserables,
un poco de ternura,
talves un poco de atención.


A ti que no exiges ser amada,
respetada, atendida, ni imitas a
las esposas con los lloriqueos,
las reconvenciones y los celos.



No obligas a nadie a la despedida
ni a la reconciliación;
no chupas la sangre ni el tiempo;
eres limpia de culpa;
recibes en tu seno a los pecadores,
escuchas las palabras y los sueños,
sonríes y besas.


Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.
No engañas a nadie, eres honesta,
íntegra, perfecta, te enseñas;
no discriminas a los viejos, a los criminales,
a los tontos, a los de otro color;
soportas las agresiones del orgullo;
alivias a los impotentes,
estimulas a los tímidos,
complaces a los hartos,
encuentras la fórmula de los desencantados.



A ti que eres la confidente del borracho,
el refugio del perseguido,
el lecho del que no tiene reposo.
Has educado tu boca y tus manos,
tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma.



Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte.
Eres precisa en el ritmo,
exacta en el gemido,
dócil a las maneras del amor.



Eres la libertad y el equilibrio;
no sujetas ni detienes a nadie;
no sometes a los recuerdos ni a la espera.
Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.



En el lugar en que oficias a la verdad
y a la belleza de la vida,
ya sea el burdel elegante, la casa discreta
o el camastro de la pobreza,
eres lo mismo que una lámpara
y un vaso de agua y un pan.



Oh puta amiga, amante, amada,
recodo de este día de siempre,
te reconozco, yo dejo de lado a los hipócritas,
yo todo que tengo que es nada te lo doy,
te corono con hojas de yerba
y me dispongo a aprender de tí todo el tiempo.